El pasado 10 de Junio se produjo un grave accidente de avión en el aeropuerto de Jartúm, las causas no están claras, y aquí es todo tan complicado que si pretendiéramos llegar al fondo de la cuestión nos meteríamos en terrenos farragosos que alcanzan la política internacional, y eso, como sabes, no es el objetivo de este blog.
Viví esta situación de una forma muy particular, y, aunque por suerte no tuvimos que lamentar que ninguno de nosotros resultara herido, nos afectó en cierta manera.
Volábamos desde el aeropuerto de Juba, al sur del país. Al acercarnos a Jartúm, nos desviaron hacia Port Sudán, por tormentas de arena y eléctricas en Jartúm, por lo que tuvimos que volar una hora más hasta llegar a nuestro aeropuerto alternativo (siempre que se hace un vuelo en el plan de vuelo hay un aeropuerto alternativo preparado y se pone combustible suficiente para llegar a él sin problemas).
Allí aterrizamos y estuvimos unas 2 horas esperando a que nos dieran el OK para partir de nuevo. Estábamos solos, en un aeropuerto que es poco más que una pista en medio del desierto, con la única peculiaridad de estar cerca del mar:
En el rato que estuvimos aterrizó un avión de Sudán airways, un A-300 que se situó a nuestro lado. El vuelo 109 proveniente de Amman.
Al rato recibimos la orden de partir de nuevo, el Sudan Airways 109 despegó unos 5 minutos antes que nosotros y luego nos dirigimos hacia nuestro destino, Jartúm.
Cuando estábamos llegando, me llamó el comandante y me dijo que volvíamos de nuevo a Port sudán ya que Jartúm estaba de nuevo cerrado por las condiciones y por un problema en la pista.
Solo cuando llegamos por segunda vez, ya de noche, a Port Sudán…
supimos la trágica noticia de que nuestro compañero de espera, este magnífico A-300
había sido pasto de las llamas al aterrizar justo delante de nosotros en Jartúm.
Las primeras informaciones nos llegaron de primera mano. Nuestros mecánicos, que se encontraban en la pista esperándonos, vieron el accidente y nos contaron lo que estaban viendo. Gracias a la suerte y la pericia de los tripulantes de cabina de pasajeros, que consiguieron evacuar rápidamente el avión, de los más de 200 pasajeros “solo” murieron 24. Podría haber sido mucho peor.
Evidentemente el aeropuerto estaba cerrado, y nosotros atrapados con 27 pasajeros en Port Sudán. Los agentes de la ONU nos alojaron en un hotel de la ciudad, el “Palace”, que era como la pensión paquita, pero al auténtico estilo Sudanés. Dormimos y a la mañana siguiente estuvimos listos para partir a las 8 de la mañana, las informaciones decían que podríamos salir. Pero esto es Sudán, y como suele pasar, las informaciones eran erróneas y contradictorias, así que estuvimos toda la mañana esperando a que nos dieran el ok dentro del avión, en el aeropuerto.
Mientras tanto nos entretuvimos, cotilleando un viejo Antonov-29 abandonado, al que nos acercamos mientras su hermano mayor despegaba con carga desde la única pista, levantando una polvareda considerable:
Cuando nos acercamos una bandada de palomas salió de la sombra del antiguo avión soviético:
Una vez ahí buscamos la forma de abordarlo, todas las entradas parecían selladas, pero una ventanilla de emergencia no fue rival para nuestro TCP Alex, que es un prodigio de agilidad y le subimos entre todos al interior de la reliquia:
De la que sacó unas fotos chulas y algún que otro recuerdo en forma de máscarilla de gas de la segunda guerra mundial (por lo menos, jejej).
Una cabina muy bien conservada en el seco ambiente de sudán.
así eran las cabinas de los aviones hace años, ¿alguno se acordará no?
A las dos de la tarde seguíamos sin noticias, y nos fuimos a la ciudad de nuevo a comer, allí un local nos llevó a un estupendo cuchitril donde comimos un pescado más fresco y más rico que el que podáis imaginar. Langosta, mero, gambas, etc etc… hicieron las delicias de todos:
Maravillosas langostas (cerveza sin alcohol “Barbacan”)
Y maravillosa gente Sudanesa, como de costumbre . (el chef del “cuchitril”)
Después nos volvimos al hotel pues parecía que el aeropuerto de Jartúm seguía cerrado. Y tras unas pesquisas conseguimos que nos llevaran a una playa del mar rojo, que es el que hay por aquí, a bañarnos un poquito.
Nuestra sorpresa al entrar fue un fondo pastoso y gris, que, aunque en un principio nos dió un poco de repelús, resultó ser unos barros que nos hicieron pasar una agradable tarde embadurnados en un peeling natural…
(si si, ese por el que te cobran 100 € en un spa en Madrid). También aprovechamos para hacer una batalla de barro. (bajo la atenta mirada de unos locales que no salian de su asombro: “¡¡¡ESTAN LOCOS ESTOS CRISTIANOS!!!”)
Luego de una hora de relax y flotación (las aguas del mar rojo son sorprendentemente saladas, y nos curaron todas las heriditas, a la par de hacerte flotar sin esfuerzo.) Nos volvimos a Port Sudán. Otra vez se nos hacía de noche sin haber terminado nuestra misión…
Cenamos con los pasajeros en el hotel, con los cuales ya hicimos hasta amistad, después de 30 horas juntos.
A la mañana siguiente nos levantamos a las 5 de la mañana y, despegando a las 6, fuimos de los primeros aviones que pudieron volver, sanos y salvos, a Jartúm. 48 horas después de haber salido de allí.
Mi avión volando de madrugada con destino Jartúm


















