100 dias en sudán (Por J.B.)
Ha llegado a mis manos estre escrito, que por su cercanía y interés oasao a reproducir íntegramente:
100 DIAS EN SUDAN
Por Jacobo Beltrán
1.- Aterrizaje
Domingo 4 de Marzo del 2007.
Khartoum, capital del Sudán. África.
La primera impresión es la de una ciudad en guerra. De camino al hotel en un viejo taxi destartalado (sin ventanillas, sin abridor de puerta, sin pestillos, sin cinturón de seguridad, sin luces, sin intermitentes, sin asideros, sin guantera… un cacharro amarillo de unos 25 años de antigüedad: puro metal), tras horas y horas de viaje, esa, tan importante, primera impresión ha sido desoladora: coches estampados, soldados con metralletas, escombros, montañas de basuras, fuegos a lo lejos… El aterrizaje ha sido silencioso y nocturno. Por la ventanilla podían distinguirse edificios de tres o cuatro plantas junto a una gran avenida y separados de la pista de aterrizaje por una valla. La Avenida sabré mas adelante que es Afriqyya o African Road y que bordea el aeropuerto por el Este vertebrando el Barrio de Amarat donde viven los occidentales y donde se encuentran casi todas las Embajadas. El aeropuerto pequeño, sucio y mal iluminado. Al pasar el último control he buscado un sitio donde cambiar dinero. Llevo tres mil euros encima y no se si un taxista Sudanés me aceptará euros como pago o si en el Hotel me cambiarán al llegar. En realidad no se nada de nada. Se tampoco sobre Sudán y sus gentes que voy muerto de miedo. Sólo se lo poco que he encontrado en Internet y, en general, lo que publica la prensa occidental: país en guerra, genocidio en Darfur, operaciones humanitarias, milicias árabes descontroladas, petróleo, dictadura militar islamista, Ministros acusados por la Corte Internacional de La Haya, muertos, muchos muertos, desplazados, campos de refugiados, violaciones, abusos, y un rosario sin fin de desgracias y desmanes.
Hasta hace unos años usaban Libras Sudanesas (herencia del Imperio de su Graciosa Majestad) que posteriormente fueron cambiados a Dinares. En el momento de mi llegada se encuentran en mitad de un nuevo proceso de cambio monetario, de vuelta a las libras. Como llevo más de 30 horas de viaje paso allí cerca de una hora hasta que me convenzo de que no me están engañando. Salgo a la calle y recibo en el rostro la primera bofetada nocturna de calor africano. Cuelga de mi brazo el chaquetón con el que me fui a la T4 de Barajas muchas horas antes. Fumo un cigarrillo de liar para darme tiempo a analizar y tantear alrededor: montones de negros. Negros con rasgos árabes. Todos me miran. Un parking improvisado, basuras, piedras aquí y allá, socavones. Un caos a mis ojos europeos. Me señalan un taxi y muevo la cabeza afirmativamente. Dos o tres jóvenes negros se lanzan sobre el carro y veo mis maletas salir en volandas en varias direcciones. Temo que no las volveré a ver más, pero me equivoco -en esto, como en tantas otras cosas que luego iré descubriendo. Como buen europeo estoy lleno de prejuicios. En Sudán no roba nadie. Robar es monopolio del Gobierno.
Estoy aplastado por el calor, como mal y mi cuerpo intenta habituarse. Me han metido miedo, no me atrevo a comer fuera del Hotel y sólo bebo agua embotellada, con lo que me gasto un dineral. Si supiera lo que iba a acabar comiendo y bebiendo no me hubiera andado con tantas tonterías, la verdad. Estoy aquí por trabajo. Tengo que llegar a acuerdos comerciales con poderosos empresarios sudaneses para mi empresa de capital americano y con sede en Londres. No se bien como he acabado aquí. La globalización, supongo. En el Departamento nadie quería coger esta misión, yo me ofrecí voluntario.
En mis primeras salidas me llaman poderosamente la atención varias cosas. Una es la pasión por las Vespas. Toda un culturilla entorno a estas motos y su decoración individualizada que recuerda a los mods ingleses de finales de los sesenta: vespas con espejitos, pegatinas, tapacubos plateados, fundas de rueda de piel, sillones coloridos, cláxones exteriores. Eso si, tuneadas al gusto africano. Otra de las cosas que me llaman la atención poderosamente es que existe un verdadero culto a Bob Marley. El orgullo del 3er mundo. Sudán hace frontera con Etiopía, el Cuerno de África, la tierra de Haile Selasi, de los Rastafaris. La comunidad Etiope en Khartoum es enorme. Aquí la presencia de Bob es omnipresente. En la parte de atrás de un jeep la silueta/pegatina de un Bob sonriente; en la radio de un taxi suena This Song of Freedom; en la pared de una cafetería cuelga una bandera enorme: Jamaica, Bob sonriente… Guiños aquí y allá al último profeta de África. Y por último llama también mucho mi atención el que hay montones de iglesias católicas. Daba por sentado que siendo una dictadura militar islámica y un país árabe, por lo menos a nivel institucional, y habiendo pasado por un guerra Norte-Sur de más de dos décadas en la que se supone se enfrentaban el gobierno central islámico contra los rebeldes cristianos y animistas del sur, en armas debido a la imposición por la fuerza de la Sharia (Ley Islámica), daba por hecho, digo, que los cristianos serían perseguidos. Más directamente pensaba que no habría cristianos. De nuevo, me equivoco.
2.- Khartoum
Calor. No he visto una nube desde que estoy aquí. El Sol es tan fuerte que mata los colores. El cielo más que azul es de una tonalidad pálida, blanquecina. Khartoum se encuentra en el mismo corazón de África, no muy lejos de donde se piensa tuvo su origen la especie humana, donde confluyen el Nilo Blanco y el Nilo Azul que, ya unidos y formando el Nilo a secas, atraviesa miles de kilómetros dirección al Mediterráneo, regando todo a su paso hasta desembocar en Alejandría, Egipto. Cruce de culturas, lugar geográfico donde confluyen las razas negra y árabe, esta tierra ha visto pasar varios imperios, desde el ancestral y mítico Imperio Meroítico -el Imperio de los faraones negros-, pasando por el Imperio Otomano y, ya en nuestros días, el Imperio Británico.
En la actualidad se ha convertido en “el Gran Khartoum”, “The Tri-City”: tres ciudades en una. Desde el aire sería vista más o menos como el símbolo de la paz perdido en un arenal infinito. El Nilo Blanco sube de Sur a Norte en dirección al Mediterráneo, en su ribera Este se encuentra Omdurman, la más grande de las tres ciudades, la más antigua, la más sudanesa. La ribera Oeste del Nilo Blanco queda dividida a su vez en dos por el Nilo Azul. La parte Norte es Bahri, la más proletaria e industriosa de las tres. Al Sur, en cuña entre los dos Nilos, Khartoum o Trompa de Elefante (debido a su forma) en su traducción, donde se concentran, los Ministerios, el Palacio Presidencial, los negocios, los extranjeros, los hoteles, las embajadas, los clubes sociales y los lugares de ocio. En el centro de todo, en la conjunción de los dos Nilos, Tuti Island -una pequeña isla en forma de croissant de un kilómetro de larga y a la que se accede en barco- es la única zona verde y sus habitantes están considerados los verdaderos y originarios moradores de esta ciudad. Allí, el brillante y deslumbrante cielo, está plagado de enormes águilas, buitres, milanos y halcones al acecho de roedores y culebras.
Según datos oficiales entre las tres ciudades suman 8 millones de almas. Claro que ahí no están incluidos los IDP (Internally Displaced People: desplazados internos según sus siglas en inglés) que pueden albergar a otros dos, tres o más millones de personas en un gran anillo de campos de refugiados que rodea la Triple Ciudad. Más todos los que están fuera del censo oficial, es decir, desplazados que contaban con algún familiar o conocido y que no acaban en uno de esos ignominiosos campos, integrándose en el ritmo de la enorme ciudad como pueden o les dejan. Esto convierte a Khartoum en un monstruo de doce o catorce millones de habitantes. Nadie lo sabe. Una ciudad al menos tan grande como Paris o Londres. Una ciudad-estado donde se hacina al menos un tercio de la población de todo el Sudán, el país más grande de África y donde se concentran todas las virtudes y defectos del continente: lo árabe y lo africano, el Islam y la Iglesia de Cristo, la corrupción política, los dictadores, el pasado colonial, la abundancia de recursos naturales, la potencia militar descontrolada, el desierto y los oasis Nilóticos, la bonanza económica, las operaciones humanitarias, los grandes despachos, la solemnidad de los pobres, los desarraigados, las mujeres violadas y los marcados a cuchillo para siempre por la guerra.
3.- Sudán
Calor. Mucho calor. Más de 40 grados y al parecer esto no ha hecho más que empezar. La temperatura irá subiendo y subiendo durante marzo y abril, mayo y junio serán los peores meses y después, finalmente, empezarán las lluvias.
Sudán. Literalmente en lengua árabe: Tierra de Negros. Así es como llamaban los árabes a todo el territorio por debajo del Sahara, lo que nosotros llamamos El África Subsahariana. El país marcado como Sudán en el mapa es un vasto territorio lleno de recursos naturales -el Brasil del África- y que no existe como entidad más que en el propio mapa. Poblado por más de 100 etnias diferentes y con más idiomas y dialectos todavía, lo único que los une es un pasado colonial común bajo dominio del Imperio Británico. Cuando en Europa se habla de los sudaneses, nos referimos a los sudaneses del Norte, que son el único pueblo árabe y negro del mundo, algo así como los cubanos, que son un pueblo negro y latino. El Norte de África y el África Negra han estado siempre separadas por el Sahara y el Sahel y, durante siglos, la única pista natural para cruzar de un lado al otro fue el Nilo, así que es en el actual Sudán donde se chocan y se funden la raza árabe con la negra dando lugar a este pueblo único. Sudán del Sur es otra historia. A partir de Juba siguiendo el Nilo dirección al Lago Victoria, los sudaneses son sudaneses sólo de nombre pues ahí abajo la tierra es verde y la selva imponente, y los Dinka, Nuer y Shilluck son las etnias -puramente negras- predominantes. Los Dinka, la etnia más numerosa, son reconocibles por los surcos en relieve que les atraviesan la frente de lado a lado. Líneas paralelas separadas medio centímetro entre ellas. En otros esas líneas están dispuestas de manera que se unen formando un pico justo entre las cejas. En algunos hombres más mayores y calvos se puede distinguir como las marcas rodean su cráneo hasta la parte trasera de la cabeza. Esos profundos cortes en el cráneo, cuyas marcas quedan de por vida, son razón de orgullo y hombría pues con la punta de una lanza y frente a toda la tribu el niño pasa a través de este rito a ser hombre. Si llorara durante el acto sería motivo de deshonor para su familia. De entre los Dinka surgiría John Garang, el líder rebelde que aglutinaría e uniría a las distintas tribus sureñas en la lucha contra el gobierno de Khartoum.
Sudán ha permanecido en un estado pseudo feudal hasta bien entrado el S.XX. Grandes familias controlaban el poder y manejaban al resto. Bien que mal la riqueza se distribuía entre la población que dependía y trabajaba para esas familias. Los británicos establecieron los cimientos de un Estado moderno en el rico norte árabe. Un Estado centralizado en la capital, servicios médicos, Universidades, Hacienda y Ministerios fueron sustituyendo a esas grandes familias, sobre todo en los núcleos urbanos, mientras el campo seguía afincado en su sistema tradicional. Aparece una nueva clase media: los “civil-servants”, los funcionarios. En la década de los 60 y 70 se afianza esa clase media que pese a no tener grandes recursos económicos si tienen acceso a la educación y a la cultura. Sus hijos han estudiado en Londres, Ryhad, Estambul o EE.UU, hablan ingles y tienen estudios superiores. Son el futuro. La clase media es culta, numerosa y bien formada, la mujer trabaja, conduce y accede a puestos gubernamentales, en Khartoum hay nueve enormes Universidades públicas y varias privadas. No es por casualidad que Sudán abastezca de médicos e ingenieros a toda la Península Arábiga.
4.- Ecos de guerra
Sábado de Semana Santa del 2007, primer día laborable de la semana. La semana laboral en Sudán comprende de sábado a jueves, el fin de semana se reduce al viernes, día del principal rezo. Hoy estamos a 48 grados de temperatura. Es difícil pensar con este calor. Siento la masa gris de mi cerebro reblandecida y mis neuronas no responden, hundidas en alguna parte de mi cabeza en huelga.
Caminar por las calles de Khartoum no es como caminar por las calles de cualquier otra ciudad. El calor abrasador te aplasta literalmente contra el suelo. No hay nubes. El Sol es el dueño indiscutible de está ciudad. En los soportales se amontonan gentes vendiendo todo tipo de cachivaches inútiles en puestos por el suelo. Cada pocos metros una señora vende té y café hirviendo rodeada de africanos sentados en taburetes, en piedras, en cajas de plástico. En cualquier rincón con sombra se apiñan dormitando familias enteras, niños, hombres y mujeres sobre cartones o somieres desvencijados. El aire está lleno de polvo, arena del desierto que se mete en la garganta y dificulta el respirar. Soy el único blanco, el hawaia; llevo una ristra de 3 o 4 niños mendigos permanentemente detrás con la mano extendida o tironeándome de las mangas. Soy el único blanco y el único que suda a borbotones.
He despertado sobresaltado con un ¡boom! no muy lejano; una suerte de explosión o de accidente de coches –he pensado-… Medio dormido he podido escuchar las explosiones, más lejanas esta vez, que han sucedido a la primera. Luego me ha llamado Ángel, cooperante de la Cruz Roja Española y vecino mío en la calle Gamhuria, donde he alquilado un apartamento en pleno centro de la ciudad, y me ha dicho: ¿Te has enterado de lo que ha pasado? Una explosión ha sacudido Khartoum al norte, donde el Aeropuerto, a un par de Km. de nuestra casa. Desde Gamhuria se puede ver la columna de humo enorme elevándose hacia el cielo. Las Embajadas recomiendan a los occidentales que se queden en casa. No saben todavía que ha pasado pero creen que un camión lleno de munición y armamento ha estallado.
A la caída del Sol hemos bajado a ver el ambiente. Ángel lucha entre su deseo aventurero de lanzarse a ver que pasa y el mandato de su jefe y responsable de la Cruz Roja Española en Sudán de no salir a la calle. En la calle hay movida: tensión, manifestaciones, cargas policiales, gente que corre… ¿Por qué? –Pregunto. ¿Qué tiene que ver las explosiones con que haya manifestaciones? ¿O es que ha habido manifestaciones y a raíz de ellas se han producido las explosiones? Ángel me lo explica muy bien: A río revuelto, ganancia de pescadores. Son las fuerzas vivas de esta ciudad: los opositores al Gobierno que luchan contra el régimen dictatorial, los estudiantes descontentos por la falta de libertad, las clases medias desfavorecidas en pro de una nueva clase social de ácratas afines al partido único, los sureños africanos que tras veinte años de guerra civil Norte-Sur forman una comunidad grande y compacta en la capital. En fin. Todo el mundo tiene motivos más que suficientes para quejarse aquí. Todos menos los hawaias, los extranjeros. Los blancos. Y a lo mejor en la calle a alguien le daba por culparnos -que por otro lado seguro que tenemos mucha culpa- y descargar su impotencia contra nosotros.
Los ingleses se marcharon en 1956, año de la aparición de Sudán como estado moderno. Desde su marcha se han sucedido las guerras casi ininterrumpidamente entre el Norte y el Sur. Una primera guerra civil que duró 11 años, un breve periodo de paz de 9 años y una segunda guerra civil que asoló el sur desde el 83 y que ha terminado 22 años después con el CPA (Comprenhensive Peace Agreement: Acuerdo de Paz en sus siglas inglesas). Una paz firmada con alfileres, más por agotamiento de ambas partes que por voluntad y que espera el resultado de un referéndum el 2011 en el que se decidirá si el país queda dividido en dos. Es difícil saber quien ostenta el poder en este país. El presidente, Omar al Bashir, según opinan algunas voces es una figura puramente política, la fachada externa de aquellos que realmente mandan. Muchos dicen que el verdadero hombre en la sombra es Alí Osman Taha, el Vicepresidente, el aperturista, el que dicen se cargo al Turabi (el anterior dictador) en una feroz lucha interna que comenzó dentro del régimen en el 2000 y que acabó con la desaparición definitiva del Turabi en el 2003, quién se fue a Darfur a calentar la región contra el Gobierno. Lo cual sería, según algunos analistas, uno de los detonantes de la actual guerra en Darfur. Pero también dicen que Taha está actualmente desautorizado, que ha perdido todo su poder dentro del partido. Taha ascendió junto con la posibilidad de un acuerdo con los sureños. Fue designado como interlocutor con John Garang, el mítico líder rebelde. Una vez firmado los Acuerdos de Paz en el 2005 Garang murió en un misterioso accidente de avión y Taha fue perdiendo poder paulatinamente una vez logrado el propósito para el cual había sido requerido. Es decir, fue utilizado por su gran carisma como interlocutor con los sureños para desarrollar el CPA, el Comprenhensive Peace Agreement y acabar con la guerra civil. Entonces… ¿Quien manda en la actualidad? Nada es lo que parece en la triple ciudad de los Nilos.
A aún así, tal y como me dijo un empresario sudanés quién, pese a el boicot gubernamental, lleva las riendas de uno de los más poderosos grupos empresariales del país, Khartoum parece que se hubiera independizado del resto de Sudán e incluso de África. La ciudad crece a ritmo vertiginoso (más del 10%) y los negocios se suceden. Frente a Tuti Island, en la conjunción de los dos Nilos, están levantando con capital chino un parque empresarial al más puro estilo Dubai: vidrio y acero para modernos rascacielos de curvas orientales. El “Modelo Dubai” está poniendo una gran presión en todo el mundo árabe. Hay también un puente nuevo atravesando el Nilo Blanco Uniendo Khartoum con Omdurman y otro puente unirá en breve Khartoum con la Isla de Tuti. Y así, sin terminar de resolverse el conflicto norte-sur, con la cifra más alta de desplazados internos del Mundo tras Irak, con el genocidio de Darfur a diario en los periódicos occidentales, con fama de estado terrorista que llegó hasta a cobijar a Bin Laden y en el punto de mira permanente del Departamento de Estado Norteamericano, Khartoum se ha convertido en el tercer motor económico de África tras Johannesburgo y Lagos. Los cambios son perceptibles casi a simple vista y empresarios de todo el Mundo Árabe: libaneses, saudíes, egipcios, marroquíes junto con los chinos hacen negocios millonarios mientras Occidente les da la espalda y los únicos hawaias presentes son los Oenegeros y Naciones Unidas.
Ángel y yo hemos paseado por las calles cercanas. Khartoum la nuit está escasamente iluminado y los soportales abarrotados de gente durante el día se encuentran ahora desiertos pudiéndose apreciar el estado de deterioro. Boquetes, montones de arena, ladrillos, piedras, cascotes, restos de todo tipo. Al fondo de la calle se ven sirenas y contra las luces se recortan siluetas que corren. Salen sureños a nuestro paso de un callejón lateral, trotan y se gritan entre ellos sin hacernos caso. Giramos por la avenida grande que va al Mercado y a la estación de autobuses, que no es más que una polvorienta explanada atestada de vehículos y gente arremolinados. Tras un día de comercio africano aquello está literalmente cubierto de basuras, despojos, inmundicia, fruta y verdura pudriéndose pisoteada, plástico, bolsas y bolsas de plástico por todos lados. En los alrededores del mercado parece que no hubiera pasado nada, sigue lleno de vendedores y compradores, puestos de comida, olor a fritanga, polvo en el aire. Hablamos de la cena a la que estamos invitados al día siguiente, la vida sigue y nosotros nos hemos comprometido a llevar tortillas de patatas para veinte personas. Hay que comprar papas, huevos y organizarse así que entramos por la estrecha puerta que da paso al Souk, el Zoco, el mercado. Allí el ambiente es más opresivo. Lo mismo que fuera pero en estrechas callejuelas cubiertas por toldos desvaídos: puestos de tarjetas de teléfonos mezclados con vendedores de bocadillos, falafels, pollos vivos, carnicerías llenas de cabezas de cordero, verduras y pescados del Nilo. Está ya todo medio cerrado y los vendedores comen cualquier cosa por cualquier parte sentados en cualquier sitio. Una enorme rata nos cruza el paso sorteando una gran montaña de tomates y otras verduras podridas; suciedad, charcos y barro en el suelo. El olor es tan denso que se cuela por la nariz hasta el cerebro embotándome. Ya fuera seguimos nuestro paseo y nos dirigimos hacía las luces y sirenas del fondo de la calle acercándonos lo suficiente como para ver que no pasa nada. Es sólo un control. ¿Un control de qué? No lo sabemos. Pero algo controlan. Seguro. Aquí todo se controla. Por lo menos no hay violencia palpable, auque el aire está cargado de ella, tenso, a punto de estallar, aunque parezca que nunca estalle.
Al día siguiente, ya en la fiesta, los rumores siguen: un camión, no, eran tres camiones, no, era un polvorín, no, no hay muertos, o eso dicen los periódicos, no, tiene que haberlos, salieron misiles disparados por ahí, por eso se oían luego otras explosiones… Pero, ¿qué hacía un camión cargado de armamento y a las cinco de la tarde por el centro de Khartoum con cuarenta y pico grados de temperatura? Y si era un polvorín, ¿qué hace un polvorín en pleno centro de la ciudad? Esa noche, ya en la fiesta, Mai, de MSF –Médicos sin Fronteras-, me diría: Claro, es que este país está en guerra. Y esto es el 3er mundo… ¿qué esperabas? Unos días más tarde las Embajadas filtrarían la noticia de que fue un ataque de la guerrilla. ¿Qué guerrilla? Da igual, una de las guerrillas disparó misiles desde Omdurman, desde la otra orilla. Hubo más de 50 muertos.
5.- Hawaia’s party
En la fiesta nos juntamos los hawaias para emborracharnos un poco. Una amalgama de siglas y ONG´s de todo el mundo. Sudán es el país de la tierra con la mayor operación de ayuda humanitaria en marcha en este momento. Están los de UN, que hay cerca de 5.000 que ha su vez se dividen en UNDP (United Nations Development Program), UNHCR (UN High Comission for Refugees) y otras cuantas; luego están las Cruces Rojas: la Española, la Austriaca, la Holandesa, la Inglesa, etc, y la madre de todas ellas, el CICR (Comité Internacional de la Cruz Roja) con sede en Ginebra. Y luego el resto: Save the Children, Acción contra el Hambre, Medicos sin Fronteras, etc. Por último los mal llamados “pilotos”, los trabajadores de la compañía aérea Swift Air que da servicio de traslado aéreo dentro de Sudán a todo el personal de la ONU y Oenegeros. Así que como “pilotos” se conoce en la vida social khartoumesa tanto a auxiliares de vuelo, como pilotos o técnicos de mantenimiento. Una enorme amalgama de nacionalidades y profesiones revueltas. Soy el único que está en Sudán por business así que soy el raro, el poco solidario. Los chicos del CICR son los que mejor se lo montan, tienen permiso para comprar alcohol que lo proporciona la propia compañía, quien trae un contenedor lleno al mes par sus empleados, así que si conoces a alguno de ellos pueden conseguirte alguna botella. Los “pilotos” vuelan también a Kenia u otros países donde compran alcohol y se lo traen clandestino en los aviones. De cuando en cuando hay alguna fiesta en alguna Embajada, esas son las mejores.
Las fiestas en Khartoum son privadas y hay que estar en lista. Hay que avisar a las autoridades y poner seguridad en la entrada, que no está permitida a sudaneses bajo peligro de ser acusados de corromper su moral. El alcohol está prohibido, así como, en general, llevar pantalones cortos o mostrar el escote o ceñirse el cuerpo las mujeres. Es una sociedad musulmana y, en resumen, está vetada la provocación sexual o la exhibición del cuerpo gratuita. En el interior de las fiestas privadas, por supuesto, se puede hacer lo que se quiera. Las fiestas son BYO (bring your own: tráetelo tu mismo) así que conviene tener alguna amigo “piloto” o del CICR para conseguir una botella de vino aunque sea y quedar bien en la fiesta.
Toda esta gente organiza desde Khartoum a sus trabajadores en Darfur, quienes controlan y manejan los campos de refugiados que dan cobijo a más de dos millones de almas. Así que en las fiestas siempre hay uno o varios de camino o de vuelta de el “fucking hole: el puto agujero” que es como se denomina familiarmente a Darfur. Es impresionante verlos llegar tras nueve meses allí. Khartoum es el paraíso comparado con aquello. Algunos vienen extremadamente delgados, con la mirada perdida o locos por beber hasta caer borrachos.
Mi tiempo de ocio lo divido entre los hawaias y el Clan Sudanés. A las pocas semanas de estar en Sudán un compañero de mi empresa al que he sustituido en Khartoum me manda un mail con el número de teléfono de Ahmed. Sudanes, 27 años, formado en EE.UU. y que trabaja en la única Universidad de Mujeres del país. Nos hacemos amigos en seguida y me introduce en su pandilla quienes me acogen como a un hermano. Tras varias semanas sin hablar prácticamente con nadie, el primer día casi se me saltan las lágrimas. Me hicieron sentirme como en casa. Por momentos tenía la sensación de estar en Madrid con mi propia pandilla de colegas. El Clan Sudanés se reúnen en casa de Sami, de padre sudanés y madre rusa blanca, casado con una filipina y con una preciosa hija mezcla de razas de 4 añitos. Todo un personaje. Hago intentos de llevarlos a las fiestas hawaias y se niegan. Son tremendamente críticos con toda esta gente. No entienden que se de asistencia a los refugiados de Darfur y que los varios millones que pululan alrededor de Khartoum estén completamente desatendidos. O que UN gaste el 80% de su presupuesto en sueldos de su personal. O que Occidente mande tanta gente a las ONG´s pero luego se les niegue la ayuda al desarrollo y que tengan que ser los chinos los que les presten dinero para construir un puente. En fin, no entienden el hipócrita doble rasero aplicado con su país ni el hipócrita doble rasero esgrimido por su propio gobierno. Yo tampoco. Así que ellos compran Araqui ilegal casero a una vendedora a la que llaman “the airplane” pues “aterriza” en el barrio (Khartoum 2, donde vive Sami) de 20 a 21 horas y vende su mercancía en botellas de Coca-cola de medio litro; compran hierba y se aíslan de lo que le ha tocado vivir a su ciudad a la espera de que esto acabe, conscientes de que nada dura eternamente y de que ellos son el futuro. El Araqui es una bebida parecia al Ouzo griego, al anís o el aguardiente, a la rakia bulgara o a la grappa italiana, es decir, la versión árabe de lo que se lleva toda la vida bebiendo en torno al mediterráneo. En casa de Sami, por tanto, se bebe, se fuma hierba, se habla de música o de cine y se ven documentales que bajan de Internet de Bob Marley, Third World, Lee Scratch Perry o películas como “300”, o Sin City. Básicamente consumen lo mismo que consumen las clases medias de todo el planeta y, por supuesto, se habla de mujeres. Las mujeres sudanesas son de una extraordinaria belleza y aunque las normas sociales hacen todo mas complicado, la gente joven, al igual que en cualquier otro lado vive pendiente del sexo opuesto. Además, las cosas ahora no son como antes, ahora las chicas viajan sola en autobuses camino de la facultad, por ejemplo. Además, la revolución del móvil hace posible y mucho más fácil el ligar. En definitiva, viajar te enseña que la condición humana es igual en todas partes. La gente quiere trabajar, vivir con la mayor dignidad posible y hacer el amor de vez en cuando. Y Khartoum o Sudán no son una excepción a eso. Por mucho que gobiernen los “barbas”, como ellos mismos denominan al clan militar que sin contar con el apoyo ni del 5% del país pero en control de las fuerzas armadas, rige los designios de 40 millones de almas.
6.- Jabub is coming
Domingo 29 de Abril. Hoy se ha desatado el peor JABUB que se recuerda en Khartoum en años. O eso dicen los locales. El calor era realmente insoportable, superaba los 50 grados. La ciudad se había recalentado durante semanas y estaba a punto de cocerse en sus propios jugos. Desde primera hora me sentía intranquilo, ansioso y nervioso. Me dolían las articulaciones y los huesos. Era el inminente Jabub que se cernía sobre la ciudad. La ardiente brisa traía ya el olor pero yo no he sabido interpretarlo hasta horas después. Los sudaneses, sentados en cada sombra disponible en el centro de la ciudad, aspiraban ya el aroma relamiéndose… he llegado a la conclusión de que en el fondo les gusta. Más tarde he entendido el porqué, tras el Jabub las temperaturas han descendido casi diez grados durante dos o tres semanas aliviando a todos los habitantes de la ciudad.
Desde el medio día el viento soplaba fuerte y la arena se colaba por las rendijas acumulándose bajo las puertas y ventanas. El calor era tan intenso que me he encerrado en el pequeño cuarto de estar con el air-cooler a tope y las persianas y cortinas cerradas. He despertado a las 16:00 horas empapado en sudor y con sonido de golpes. No se oía el griterío y el sonido de coches característico del pleno centro de Khartoum, junto al Hotel Acropole, en la zona conocida como el Barrio Griego, a escasos 150 metros del Palacio Presidencial y a 400 metros del Nilo Azul en cuya ribera se concentran todos los Ministerios, hoteles de 5 estrellas y edificios nobles de la ciudad, herencia en gran parte de la época colonial, cuando el poder lo ostentaban egipcios e ingleses. Sólo se oía el viento silbar con fuerza y la luz eléctrica iba y venía. A las cinco de la tarde el día se ha convertido en noche y la luz se ha ido definitivamente. El viento entonces ha rugido como un poderoso león africano. El Jabub ha caído sobre la ciudad como un mazo, sumiéndola en la oscuridad total y absoluta. Los que lo han visto venir dicen que era una gran montaña gigantesca que avanzaba elevándose muy por encima de los edificios; tragándoselo todo a su paso. Un tsunami de arena y polvo. Un huracán de vientos de cien kilómetros por hora tan denso y oscuro que pareciera que toda la furia de Dios se estuviera descargando sobre la ciudad. Nervioso miraba por las rendijas de las ventanas, consciente de ser testigo de un fenómeno atmosférico único. La curiosidad tiraba fuerte de mí y al final me ha lanzado a la calle. Al avanzar por el interior de mi casa he caído en la cuenta de mis huellas marcadas en la arena depositada sobre el pavimento del pequeño apartamento. Vivo en un segundo piso y el distribuidor da a un patio interior abierto. Ya en el distribuidor me he asomado por la barandilla que da al patio interior: no se veía el fondo, como si me asomara a una gigantesca taza de chocolate. Todo muy extraño. Una atmósfera irreal y parda me envolvía. El viento silbaba si, pero un extraño silencio se había apoderado del espacio-tiempo. Era como estar debajo del agua.
Nada más pisar la calle me ha golpeado la arena fuerte, muy fuerte, en la cara, cuello, orejas… con los ojos entreabiertos escrutaba frente a mí y no alcanzaba a ver la acera de enfrente… La espesa niebla color parduzco cubría absolutamente todo, me costaba distinguir hasta las columnas de los soportales a escasos metros. He resuelto llegar hasta la esquina y de allí hasta la gran avenida que va a dar al Palacio Presidencial para cogerla en dirección a la Gran Mezquita y el Mercado. Directo al corazón de la ciudad. Por momentos no sabía si estaba en mitad de una calle, en una acera o donde diablos estaba. Cerca de 50 grados, sudando y lleno de arena, luchando por avanzar en el interior de un puré de patatas, avanzaba agarrándome donde podía. Ya en la Gran Avenida del Mercado dos focos luminosos se habrían paso entre la espesura y un autobús ha aparecido avanzando a trompicones. Tras desaparecer engullido ha caído del cielo una rueda enorme dando botes a escasos dos metros mía y ha desaparecido de nuevo en la espesa niebla. Tras ella dos ágiles y jóvenes siluetas africanas. Cartones enormes, normalmente usados como techos de los innumerables puestos de té callejeros, salían despedidos hacia arriba o giraban sobre si mismos, arrastrados por la furia del huracán antes de estrellarse contra la fachada de algún edificio, cajas de plástico de esas de almacenar botellas de refrescos, normalmente usadas de taburetes en esos mismos puestos de té callejeros, pasaban rodando y chocando violentamente contra todo lo que encontraban. Luces fantasmagóricas aparecían y desaparecían de cuando en cuando en el escaso círculo a mí alrededor en el que era capaz de ver. Ni un alma. Un extraño silbido en el silencio. Tenía algo de apocalíptico. Parecía el Fin del Mundo.
He llegado hasta lo que me ha parecido un local al que suelo ir a beber zumos. No me había alejado más de 200 metros de mi portal y estaba absolutamente desorientado. No era capaz de reconocer nada. No sabía si había andado mucho o poco. La verja echada dejaba un mínimo hueco a ras de suelo. Dentro se atisbaba luz. Fuera el Apocalipsis. Casi arrastrándome he gateado hasta colarme. Una vez en el interior y cuando he sido capaz de incorporarme y frotarme los ojos, me ha recibido la calidez de los que allí se refugiaban. La atmósfera era como de refugio antiaéreo. Hablaban bajito y las mujeres se cubrían la cara con mascarillas. Me he mirado: absolutamente marrón, tenía polvo hasta en las pestañas. Los congregados me sonreían y miraban con curiosidad. ¡Un hawaia en el Jabub! ¿Taman? (¿Bien?) -me preguntaban. Taman, taman, alhamdulilá (Bien, bien, gracias a Dios) –respondía yo. Me han ofrecido servilletas para quitarme la costra de arena y sudor pegados a mi cara. He pedido un enorme zumo natural. El chico, sonriendo, ha cortado dos gigantescos pomelos a la mitad y los ha metido en el torno hasta que su pulpa natural y refrescante ha llenado el vaso. Me han ofrecido sitio y me he sentado entre africanos oyendo el fuerte pitar del viento en el exterior. Las verjas sacudiéndose convulsas ante los envites. De cuando en cuando se colaba una ráfaga de aire y arena que revolvía todo el local hasta morir girando sobre si misma en la quietud del interior. El único blanco en el local -un hawaia en el Jabub- arropado por enormes y blancas sonrisas negras, acurrucado entre ellos, me he sentido bien. Muy bien.
7.- El Conflicto de Darfur
Una noche ceno con un alto funcionario de la Embajada inglesa y con el Editor Jefe de uno de los principales periódicos de la ciudad. Cena con también nosotros otra mujer inglesa que cuenta que su marido acaba de ser invitado por el Gobierno de Sudán a abandonar el país. Era Consejero de Seguridad de UN y tienen que marcharse precipitadamente debido a que ha visto de más. Hablamos, como no, del último escándalo referente a Darfur, del cinismo del Gobierno pillado con unas fotos publicadas en la prensa independiente en la que se ve a un Antonov, un avión-bombardero de fabricación rusa, pintado de blanco y con las siglas UN en las alas. Al parecer han estado bombardeando aquí y allá. Pueblos enteros lo esperaban sentados creyendo que les traía ayuda de Naciones Unidas y sobre los que descargaba su cargamento de muerte y destrucción.
El conflicto no se entiende bien en Occidente. Eso está claro. No estoy muy seguro de que se entienda aquí tampoco. Nadie sabe bien por qué se lucha y que es lo que está en juego. La imagen que predomina en Occidente es la de árabes luchando contra africanos. Milicias árabes esgrimiendo turbantes y kalashnikovs lanzadas sobre pobres negritos llenos de moscas y sin futuro. Matándolos. Maldita televisión.
El funcionario de la Embajada inglesa hace un análisis muy interesante sobre la guerra: la deforestación y la desertificación de grandes áreas hacen que la presión demográfica se concentre en las zonas más productivas. Los pueblos del Norte, los tan temidos Janjaweed, las milicias árabes supuestamente armadas por el Gobierno Central para reprimir la rebelión y cuyo control ha escapado hasta al propio gobierno, han sido siempre tribus nómadas de origen árabe. Son las tribus que protegían las rutas comerciales que cruzaban el Norte de África contra bandidos y maleantes. Tienen tradición guerrera y tradicionalmente en la época de lluvias se instalaban siempre en esas zonas donde hoy hay guerra. Por otro lado están los Fur, la tribu que da nombre a la zona. Dar significa casa en árabe, así que Darfur no es ni más ni menos que “la casa de los Fur”. Los Fur, son etnias pseudo-árabes/pseudo-africanas pero musulmanas, al igual que los Janjaweed. Los Fur fueron divididos en el reparto colonial quedando parte de ellos en el Chad y parte en Sudán. En la actualidad y debido a la escasez de agua han ido desplazándose hacia el Norte hasta que ambos pueblos han terminado topándose. En resumidas cuentas, pelean por el agua y las áreas de pastoreo. Ha terminado aduciendo que quizá estemos siendo testigos de la primera guerra producida por el calentamiento global del planeta. Quizá un análisis más acertado que el único análisis hecho por la prensa occidental: Arabs versus black Africans.
El Chief Editor –un sureño- del Khartoum Monitor, el diario más crítico con el Gobierno de Omar al-Bashir, opina que, si bien es cierto que la prensa occidental da una imagen del conflicto completamente sesgada y manipulada, si no fuera por la intrusión de esa prensa occidental, el conflicto tendría una escala mucho mayor pues es gracias a esa presión internacional que se están frenando las muertes. La guerra Norte-Sur duró más de 40 años en dos etapas. La guerra civil más prolongada en la historia de África. Esta, a menos de 5 años de haber comenzado, ya ha perdido cierta intensidad y, aunque no tiene ninguna atisbo de arreglarse, ya ha habido y hay intentos de firmar la paz. Es decir, sesgada o manipulada, menos da el diablo. ¿Será porque hay petróleo en Darfur? Su mensaje es claro y contundente: la culpa es de este Gobierno dictatorial y sus leyes racistas, que es lo que han encendido las llamas de este país. La Guerra Norte-Sur comenzó cuando el Norte Islámico intentó imponer la Sharia en el Sur cristiano y animista. Pero en Darfur no es la misma milonga. En Darfur luchan musulmanes contra musulmanes. ¿Árabes contra negros? Todos son árabes. Y todos son negros… En Darfur se lucha por el agua, por las tierras de pastoreo, por los pozos… EL sureño coincide con la opinión de que es sobre todo una guerra de recursos.
8.- Despedida
Domingo 10 de Junio del 2007.
Khartoum, capital del Sudán. África.
Hoy es mi último día. Mi trabajo aquí ha terminado y mi jefe me reclama a oficinas. Nuevos destinos y aventuras me esperan. Ningún sitio anteriormente me ha marcado tanto. Ni Arabia Saudita ni Dubai, Omán, Grecia o Polonia. Y dudo que el futuro me depare volver a estar en un lugar tan especial como este. Pues Sudán ha sido un Jabub de arena y polvo que ha revuelto mi alma de arriba abajo. El trabajo que vine a hacer es lo de menos. Llevo en Khartoum 14 semanas: toda una vida. Dicen que para sentirse parte de un sitio, un lugar, para ser integrado en el ritmo de cualquier ciudad del Mundo, dicen, hacen falta 40 días con sus 40 noches. Yo llevo aquí 98 días. Más del doble. Tengo amistades tan fuertes como montañas. He dejado tiras de piel en el camino. Una enorme cicatriz en la pierna izquierda es la marca de por vida que me llevo de esta ciudad. El ritmo cadencioso y suave del Nilo me ha sido inoculado en las venas como un potente anestésico integrándome en su tibia corriente. Me desenvuelvo por los alrededores de mi casa como si hubiera crecido allí. Reconozco sus olores, sus sabores; distingo las distintas etnias que lo pueblan: etíopes, eritreos, dinkas, shilluck, nuers, árabes egipcios, árabes sudaneses… Me deslizo en el mercado entre frutas, verduras y carnes; me pierdo entre discusiones sin fin, regateando fieramente con ese amor de la cultura árabe por el intercambio comercial: por amor al arte, por el precio de unos tomates. Compro, entro y salgo, subo y bajo de taxis, peleo en los tuc-tuc (pequeños taxis de tres ruedas) cuando intentan llevarme por un camino más largo con la intención de agrandar la cifra. Llevo el mapa de Khartoum en la cabeza y me muevo con esa brújula interna funcionando en la parte trasera del cerebro que surge de la familiaridad y el conocimiento del terreno. A veces me pregunto porqué me miran tanto hasta que caigo en la cuenta de que soy blanco: “el blanco”, el “hawaia”. Claro que ya no me tratan como a un recién llegado. No pueden. Con mis 40 o 50 vocablos en árabe dejo claro mi conocimiento intrínseco de la ciudad y su cultura. Me saludan en las cafeterías, tiendas y restaurantes del barrio. Me sonríen las vendedoras de té y café callejeras, me conocen los vecinos y los comerciantes de la zona, los mendigos y pedigüeños, los desheredados. Me ofrecen sus casas, su ayuda, su disposición y solidaridad, me desean (Insha Alá) que Dios me acompañen, que Insha Alá proteja a mi familia, que Insha Alá tenga hijos pronto, Insha Alá me mantenga fuerte, Insha Alá tenga salud y larga vida. En definitiva, me desean el bien: Insha Alá
Insha Alá. Si Dios quiere.
Y yo pienso: Insha Alá, si Dios quiere, vuelva por esta tierra algún día.
FIN
Es estupendo no?, espero encontrarme algún día con este chico y tomarnos unas cañita a hablar de batallitas.
Categorías: Mis experiencias


Septiembre 19th, 2008 at 9:20 am
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